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Archivo para Astronomía

Atrapamiento temporoespacial

Quasar

Palabra derivada de la frase Quasi Stellar Object (objeto casi estelar) creada en 1963 para definir una nueva clase de objetos celestes descubiertos en el transcurso de conjuntas observaciones ópticas y radioastronómicas.

Se trata de cuerpos celestes que tienen una apariencia estelar y que, en el telescopio, aparecen como débiles estrellitas; sin embargo, observadas con el radiotelescopio, muestran una emisión energética tan intensa como para ser comparable con la de una galaxia íntegra.

Los quásar muestran también un desplazamiento de las rayas espectrales hacia el rojo tan fuerte que, si este fenómeno tuviera que ser interpretado en términos de Expansión del Universo, ellos deberían estar animados con velocidades próximas a las de la luz y encontrarse en los extremos confines del Universo mismo, a miles de millones de años-luz de nosotros.

El primer quásar fue descubierto por el astrónomo Maarten Schmidt del observatorio de Mount Palomar (California), en 1963. El encontró una pequeñísima estrella cuya posición coincidía con la de una gran fuente de ondas de radio de tipo galáctico. El espectro de esta estrella era sin embargo muy especial: en efecto, mostraba un redshift elevadísimo.

Algunos quásar, visibles ópticamente, muestran, si se fotografían con largas exposiciones, una envoltura de gas alrededor del objeto central.

Agujero negro

Agujero negro

Junto con las enanas blancas y las estrellas de neutrones, los agujeros negros son uno de los posibles residuos finales del estallido de una supernova. Los agujeros negros son el tipo más extremo de materia, dado que no podemos siquiera imaginar cuál es su estructura o composición.

La característica principal de un agujero negro es su elevada gravedad. A cierta distancia, conocida como horizonte de sucesos, la atracción gravitatoria es tan elevada que nada puede escapar de él, ni siquiera la luz o cualquier otro tipo de radiación, motivo por el cuál reciben su nombre. Los agujeros negros son por lo tanto indetectables por las técnicas astronómicas corrientes. Sólo es posible inferir su existencia merced a fenómenos indirectos tales como la perturbación producida sobre un astro cercano, o gracias a los rayos X emitidos por la materia que cae hacia el agujero formando un disco de acreción.

Algunos físicos teóricos, especialmente el británico Stephen Hawking, han demostrado que los agujeros negros no son los pozos sin fondo que se creía. Debido a un efecto cuántico, la materia contenida en su interior puede acabar disipándose después de determinado tiempo, por lo que en realidad los agujeros negros sí emiten radiación, aunque en cantidades casi indetectables.

Se han descubierto ya varios agujeros negros o candidatos firmes. Nuestra propia galaxia contiene un enorme agujero en su núcleo. La literatura de ciencia ficción los ha usado abundantemente, y buenas muestras del juego que puede obtenerse de ellos son obras como LAS CRÓNICAS DE MCANDREW, de Charles Sheffield, la tetralogía del Centro Galáctico de Gregory Benford, y la notable PÓRTICO, de Frederik Pohl.

© José Carlos Canalda, Jacobo Cruces Colado, 2 de agosto de 1999